[ NIVEAU B1–B2 ]

Ojos azules o verdes, una llave y... ¿necesito un abogado?

Blaue oder grüne Augen, ein Schlüssel und... brauche ich einen Anwalt?

Ojos azules o verdes, una llave y... ¿necesito un abogado?

—"Pero no entiendo... ¿te gustan las rubias o las morenas?" —"No lo sé, nunca me he puesto a pensarlo", le respondí. —"Pero ella, ¿es rubia o morena?", insistió él. —"Ella es mi amiga. Somos amigos". —"Pero te gusta". —"Claro que me gusta. Es muy guapa, tiene unos ojos verdes preciosos... aunque yo siempre le digo que son azules para molestarla, y nos reímos. Pero creo que ella me ve solo como un amigo". —"¿Y por qué no le has preguntado?", me dijo él, mirándome como si yo fuera un extraterrestre. —"No lo sé. El otro día salimos, tomamos algo, nos divertimos muchísimo... y luego nos fuimos al McDonald's". —"¿Al McDonald's? ¿Dices en serio? ¿Y por qué no fueron a tu casa?" —"¡No lo sé! ¡Porque es mi amiga! Déjame en paz". —"Ricardo, por favor..."

Y así, mientras hablábamos sobre mi chica casi perfecta, entrábamos a su piso con unas cervezas. Ya empezaba a hacer frío en Colonia, y él aún seguía riéndose de mis dotes de seducción.

—"Pero ¿por qué no le dijiste nada?", seguía pinchando. —"No lo sé, creo que somos amigos. Además, yo no sé si ella quiere algo más". —"Y no lo vas a saber si no se lo preguntas o se lo dices. ¿Desde cuándo tanta duda, Ricardo? Me sorprendes".

Abrió la puerta y nos sentamos. En ese tiempo yo fumaba, así que salimos al balcón a mirar a la gente pasar. Entre el humo y la frustración, le solté: —"¿Sabes qué? Necesito un viaje. Me voy de viaje. ¡Vámonos de viaje! ¿Te parece?".

Él se levantó sin decirme una palabra y entró al piso. Volvió a salir con un sobre en la mano. Aún estaba bajo los efectos de un "cigarrillo divertido". Se paró frente a mí, se acercó, me puso una mano en la rodilla con mucha seriedad y se quedó mirándome fijamente.

Yo me puse todo nervioso. —"¿Qué haces, loco? ¿Me vas a pedir matrimonio o qué?". Fue un momento muy raro y muy divertido.

Mi amigo Andreas, de quien normalmente siempre pensaba que tenía un humor muy diferente al del resto de los alemanes, no dijo nada. Me tendió el sobre. Lo abrí inmediatamente y vi una dirección en España, junto a unas llaves.

—"No te creo. Tengo que contarte algo...", empezó a decirme. —"¡Sí, claro!", le interrumpí, "¡pero nos vamos a ir!".

Saqué inmediatamente mi móvil. Él seguía intentando hablar: "Ricardo, pero tenemos que hablar...". —"¡No te preocupes, loco! Vamos a tomar muy poco, no vamos a destruir la casa, vamos a hacer fiestas... y yo quiero olvidarme de la chica de ojos azules. ¿O eran verdes? Ya no lo recuerdo. ¡Pero nos vamos!".

No sé cómo, pero al minuto siguiente estábamos en la página de Ryanair buscando vuelos, completamente emocionados. Andreas, por supuesto, era mi alumno de español, y con el tiempo nos habíamos hecho muy buenos amigos. Pensé que sería el viaje perfecto: estaríamos juntos y hablaríamos todo el día en español. Nos lo propusimos como meta mientras seguíamos bebiendo, emborrachándonos, planeando nuestro futuro viaje y riéndonos a carcajadas de por qué diablos había llevado a la chica de ojos verdes al McDonald's.

El día llegó. Nos encontramos en el aeropuerto de Colonia-Bonn. Yo estaba feliz. Había hecho una maleta muy pequeña, solo lo indispensable: shorts, gafas de sol, la cámara, el pasaporte y un par de cajas de preservativos que pensaba usar en su totalidad (y si necesitaba más, las compraría allá).

Jamás, en mis sueños más salvajes, pensé que ese viaje terminaría en la comisaría de Alicante.

Aterrizamos. ¡Qué calor! En Colonia ya hacía fresco, pero allí el sol quemaba de esa forma que te da libertad. Todos caminaban en shorts y sandalias. Andreas estaba con el teléfono buscando cómo llegar, mientras yo simplemente miraba la luz, pensando en la semana de vino, tapas y fiestas que nos esperaba.

Llegamos a la casa. La preciosa casa de Andreas. Nos quedamos parados frente a ella y ambos soltamos un "¡Wow!". Yo le miré y le dije: "¿Es de tus padres?". Él me miró, dudó un segundo y movió la cabeza asintiendo.

Caminamos por el largo sendero que había entre la entrada y la puerta principal. El jardín era enorme, algo descuidado, pero realmente hermoso. Le propuse limpiarlo al día siguiente y poner nuestra parrilla en uno de los lados. Él me miró y volvió a asentir. Sentí un poco de incomodidad en su rostro, posiblemente algo de nostalgia. Era la casa de su infancia, supuse. Me di cuenta de que, en realidad, no sabía mucho de él ni de sus padres, igual que él no sabía mucho de los míos. Solo hablábamos de cervezas, chicas y viajes.

Abrimos la puerta. Empecé a quitar las sábanas que cubrían el sofá y la mesa. Él se quedó en el pasillo y me dijo: "Voy a dar una vuelta". Me imaginé que debía ser duro ver su antigua casa. Quise preguntarle cuánto tiempo hacía que no pisaba ese lugar, pero me contuve. "No importa", pensé, "ya se le pasará con un poco de alcohol, buena comida y chicas".

Qué divertido es recordarlo ahora. Ahora lo veo con la mente clara de quien sabe el final, pero en esos días... estuve aterrorizado.

La primera noche salimos a comer tapas. Le pregunté cuáles eran sus lugares favoritos de la zona. Él me miró y me dijo: "Escoge tú. Tú eres el invitado". Pensé: "Perfecto, vamos al primero que encontremos y luego saltamos al segundo". Eso es tapear. Llegamos al primer bar, luego al segundo, y para el tercero él ya había recuperado el ánimo de siempre. Nos moríamos de risa con nuestras tonterías, hablando con todo el mundo. Él estaba feliz porque por fin podía hablar español sin tener que decir solo: "Hola, soy Andreas y soy de Colonia". Podía hablar casi normal. Era su sueño y yo estaba orgulloso: primero porque era mi alumno, y segundo porque era mi amigo.

El segundo día fue muy parecido: conocimos más gente, nos divertimos. Al cuarto día intentamos hacer una pausa, pero la verdad es que ya no podíamos parar. Habíamos conocido a dos chicas de Inglaterra que también estaban de visita en Alicante. Yo trataba de usar mi mejor inglés con ellas, hasta que descubrí, para mi vergüenza, que su español era mucho mejor que mi inglés.

Fuimos todos a la casa de Andreas. Algo ebrios, empezamos a tomar en el jardín con la música muy alta. En un momento dado, una de las chicas entró al salón y volvió con una foto enmarcada. —"¡Has cambiado muchísimo desde tu niñez hasta ahora!", le dijo mirándolo. "¡Un cambio radical!". La otra chica tomó la foto y asintió: "Wow, de verdad has cambiado mucho. Tus facciones...".

Andreas se ruborizó. O más bien, yo diría que se asustó. Tomó la foto rápidamente, forzó una sonrisa y me miró. No entendí por qué, pero sus ojos gritaban: "Ayúdame".

Fiel a mi estilo, agarré a una de las chicas del brazo y le dije: "Vamos a conversar arriba". Subimos a una de las habitaciones. La música aún retumbaba por toda la casa.

Y entonces, sucedió.

Alguien empezó a tocar el timbre de la puerta principal de forma insistente. Me levanté y bajé las escaleras, pensando que quizás Andreas había salido y se había quedado fuera sin llaves. De pronto, la música se apagó de golpe. Alguien había desenchufado el equipo.

Miré hacia el ventanal del salón. Había unas luces destellando. Azul y rojo. Azul y rojo. Las luces me perturbaban, estaba lo suficientemente borracho como para no procesar la situación, pero el timbre seguía sonando sin piedad.

Cuando ya iba a abrir la puerta, escuché a Andreas llamándome en voz muy baja desde la escalera. Estaba semidesnudo, oculto entre la oscuridad y la luz de la luna que entraba por la ventana. Me acerqué a él y le dije: "¿Estás acá? ¿Quién apagó la música?". Me agarró del brazo y empezó a tirar de mí hacia el piso de arriba. Con un español perfecto, empujado por el pánico, me susurró: "Tengo que hablar contigo urgentemente".

En ese momento, giré la vista nuevamente hacia las cortinas y las luces de colores y lo entendí todo. Era la policía. Seguramente los vecinos habían llamado por el ruido.

Traté de tranquilizarlo. Él estaba ofuscado, temblando. —"¡No te preocupes, loco! Seguro que es solo una multa pequeña. No creo que los vecinos se hayan molestado tanto, si las casas acá son enormes...".

Pero él me seguía jalando hacia la oscuridad del pasillo de arriba. Empecé a asustarme de verdad. —"Andreas... dime qué pasó".

Con voz muy bajita y los ojos muy abiertos, me soltó la bomba: —"Richi... esta no es mi casa. Ni la de mi familia".

Yo me comencé a reír despacio. Una risa nerviosa, incrédula. —"¿De qué hablas, loco? Me estás tomando el pelo, ¿no?". —"No. No es mi casa". —"¡No me jodas!", le susurré, agarrándolo de los hombros. "¿De quién es la casa entonces? ¡Tú tenías la llave! ¡Tenías la dirección en el sobre! ¡Tu foto está ahí abajo!". —"Ese de la foto no soy yo...", balbuceó. "No sé de quién es esta casa, Ricardo".

DECODIFICACIÓN EDITORIAL

Kultureller Radar & Decodierung

Análisis lingüístico, expresiones idiomáticas y choques culturales del relato.

Estar de fiesta / Ir de copas Spanisches Nachtleben

Auf Deutsch: Feiern gehen und in geselliger Runde trinken. Spanische Abende beginnen spät und ziehen sich traditionell bis in die Morgenstunden.

¿Me vas a pedir matrimonio o qué? Ironie & Humor

Auf Deutsch: Typisch spanischer Humor & Übertreibung. Wird scherzhaft verwendet, wenn jemand sehr geheimnisvoll oder feierlich einen Umschlag überreicht.

Jalar / Ofuscado Umgangssprache & Emotion

Auf Deutsch: „Jalar“ ist in vielen Regionen Umgangssprache für ziehen/zerren (tirar). „Ofuscado“ beschreibt völlige Verwirrung, Verblendung oder Panik.

Sol, Sangría y la Policía Kultureller Clash

Auf Deutsch: Das Klischee des entspannten Spanien-Urlaubs prallt hart auf die Realität: Unbeabsichtigter Hausfriedensbruch und das Eintreffen der Polizei mit Blaulicht.

Soltar la bomba Redewendung

Auf Deutsch: „Die Bombe platzen lassen“. Im Spanischen steht dies für das abrupte Enthüllen einer völlig unerwarteten oder schockierenden Tatsache.

— Clemensstraße 39, Köln.

„Die Namen wurden geändert. Die Gespräche haben stattgefunden... oder vielleicht habe ich sie mir nur ausgedacht.
Sicher schreibe ich gerade noch an deiner Geschichte. Aber falls du glaubst, dass ich schon damit begonnen habe, oder du mich an ein Detail erinnern möchtest: